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El Lotus Esprit es protagonista de una bonita historia. Mientras Colin Chapman visitaba el Salón de Turín de 1974, observó en el stand de Giugiaro un coche que le llamó poderosamente la atención por su asombroso parecido con su Lotus Europa. En realidad, Giorgio Giugiaro había concebido una carrocería basándose, precisamente, en el chasis de aquel vehículo británico. Sin hacer el menor ruido sobre esta anécdota, Chapman y Giugiaro hablaron del hecho y, al año siguiente, Lotus desvelaba oficialmente en el Salón de París su nuevo coche: el Esprit, naturalmente basado en el diseño del prototipo del carrocero italiano. Desde entonces hasta ahora han pasado más de veinte años, pero el Lotus Esprit, a pesar de los convenientes retoques en su presentación para ponerlo al día, se ha mantenido fiel a su dibujo original.
 

 

 

 

                                    Lotus Esprit V8        

El Lotus Esprit, en lo que a mecánica se refiere, ha utilizado siempre motores de cuatro cilindros que, en la mayoría de los casos, han sido complementados por un turbocompresor para dotarles de la potencia que se le presume a todo deportivo. Eso parecía suficiente, y las prestaciones que conseguía lo demostraban. Pero los tiempos cambian y las exigencias aumentan. Y por eso, a pesar de los momentos de crisis que atravesaba la compañía en el año 1995, se decidió dotar al Esprit con un motor de verdad. Se trata de un propulsor de ocho cilindros en V al que se le han acoplado dos turbocompresores con sus correspondientes intercooler (intercambiadores de calor).

En cuanto a éstas, el Lotus Esprit V8 manifiesta sin reserva su carácter. Es un deportivo sin concesiones que se conduce a tan sólo 15 centímetros del suelo (no hay que olvidar que es uno de los coches más bajos del mercado, con sólo 1,15 metros de altura). Para ser más exactos, más que conducirlo, se pilota, pues no es un vehículo fácil. Exige pericia a quien pretenda tan sólo manejarlo, pero a cambio le permitirá gozar del comportamiento de un auténtico coche de competición, dada la rigidez que aporta el chasis de largueros que lo conforma. Su dirección es directa y precisa, sus frenos potentísimos, y su durísima suspensión y sus gigantescos neumáticos le pegan al suelo como una auténtica lapa. Por supuesto se trata de un coche caro, pero eso se justifica por su exclusividad, su lujo y equipamiento y sus elevadas prestaciones. De cara al futuro está prevista una nueva versión que tendrá la estética del Elise.

 

Características [ Lotus Elise]
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